LA CULTURA PREVENTIVA Y EL TRATAMIENTO EMOCIONAL

Msc. Gustavo Pineda Chávez
Psicólogo, Consultor de Redd Barna (Noruega) en Nicaragua

Nicaragua ha vivido en muy poco tiempo y de forma sucesiva un sinnúmero de desastres sociales y naturales: guerras, violencia social diversa, ciclones, terremotos, maremotos, erupciones y deslaves de volcanes, inundaciones, sequías. Casi todo el inventario de cataclismos naturales ha ocurrido en este pedazo de tierra centroamericano. Miles de personas han sufrido traumas psicológicos que no han logrado superar sanamente.

La situación anterior se agrava con los efectos causados por el huracán MITCH, este ha dejado en nuestro país vecindarios desvastados, escases de servicios, pérdida de la estructura de apoyo, problemas de reasentamiento, muerte de un familiar o amigo/a, la falta de empleo, entre otros, factores de desorganización social que generan estrés. Este reciente huracán, que ha dejado cuantiosas pérdidas humanas y materiales, sobre todo al norte y occidente del país, ha convocado a profesionales y trabajadores del campo de la salud, y en particular de la salud mental, para ayudar a los damnificados en el manejo de sus procesos de duelo.

Pero ha sido más una iniciativa de grupos de psicólogos, educadores y psiquiatras, sensibles y conscientes de los problemas de la dimensión psicosocial, que una iniciativa institucional. Salvo algunas excepciones, no ha habido una respuesta institucional contundente. Ante la necesidad de una intervención en crisis de carácter preventivo dirigida a la recuperación emocional. Parece que no hay una consciencia clara del impacto que puede tener el descuido de este aspecto.

Experiencias de otros países que han vivido situaciones traumáticas similares, nos revelan que aquellas personas afectadas por desastres naturales, necesitan para su recuperación emocional un período mínimo de seis a veinticuatro meses. Estas personas pueden llegar a presentar una serie de reacciones psicológicas que reciben el nombre de «síndrome específico del desastre », si no hay una intervención de apoyo preventivo, alrededor del 15 al 20% de las personas afectadas por pérdidas materiales o humanas, a mediano y largo plazo les puede llevar a la inmovilización personal y colectiva.

No hay que dudar de que hay muchas actitudes y conductas personales y colectivas, tales como el fatalismo, falta de inicativa, pasividad, desmotivación, despreocupación por los problemas sociales, suicidios, alcoholismo y drogadicción, violencia familiar y violencia delincuencial, tengan que ver con traumas psicosociales acumulados, mal elaborados, por la ausencia de trabajo preventivo a nivel emocional. Cuando hablamos de impacto psicosocial de un desastre como el que produjo el Mitch, no queda reducido a las personas, sino a los pequeños grupos y redes sociales, a la organización comunal, familiar, a las redes de amigos, etc. que también sufre graves afectaciones que desequilibran la vida social.

Para que participen en el desarrollo social, comunal, etc., es necesario que las personas gocen de una adecuada salud y madurez personal. El desarrollo y la salud de las personas, sujetos y agentes del cambio social, no sólo es una finalidad del desarrollo de la sociedad, sino que es también su condición, luego la facilitación de procesos de sano desarrollo personal no debe de ningún modo posponerse, es una tarea del aquí y ahora.

¿Que ocurre? ¿Por qué hay tal despreocupación por la dimensión psicosocial ante estos grandes desastres naturales? ¿Pero también despreocupación por la persona ante los pequeños "desastres" de su vida cotidiana?

No son sólo obstáculos prácticos o emergentes de la acción, hay, y es lo más importante una crisis de paradigmas, formas de pensar y ver las cosas ya casi obsoletas pero prevalecientes, los que tienen que tomar decisiones prácticas mantienen ciertas rutinas del pensamiento.

Estas rutinas son, entre otras:

Hay una carencia de preocupación sobre la vida emocional dentro de una deficiente cultura de las acciones preventivas, que impactan en la práctica gubernamental y no gubernamental, muy difícil encontrar apoyo económico y técnico para proyectos de carácter preventivo de salud mental, mucho menos proyectos que impacten en la esfera psicosocial para contribuir a través del desarrollo personal en el desarrollo social.

Fenómeno contradictorio, a pesar de que el pensamiento social cada vez más introduce la subjetividad humana como elemento primordial de los análisis y prácticas sociales, los conceptos de desarrollo humano en vez de entender el desarrollo social en términos económicos, los conceptos de vida cotidiana, de empoderamiento, etc. son buenos ejemplos de síntesis productiva de lo macro-micro social y lo personal-individual.

Es casi obvio que las personas y equipos que se preparan para el ejercer el poder local o comunitario, etc. son más eficaces si se tiene en cuenta la dimensión personal (actitudes, estilos de pensamiento, emociones prevalecientes, etc) y los aspectos psicosociales (clima de grupos, estilos de liderazgo, estilos de comunicación, cultura participativa, etc.) Muchas veces fallan los intentos de formación de equipos de poderes locales, etc, porque se han dejado intacto aspectos subjetivos y psicosociales, por ejemplo toda la gama de componentes de la cultura de la pobreza, que está harto conocida como obstáculos para el desarrollo social. Por lo tanto el desarrollo de la sociedad civil pasa por el desarrollo individual y psicosocial.

Hay toda una experiencia y acumulación de evidencias sobre los factores psicosociales en la eficacia de la gestión empresarial que no se han revertido o se ha pobremente revertido hacia la sociedad civil, en particular hacia la gestión de poderes locales y comunitarios. Simplemente porque se sigue despreciando la dimensión psicosocial y las inversiones preventivas o a mediano plazo. Lo importante sigue siendo la capacitación técnica (visión unilateral) y no la formación de la persona íntegramente (visión sistémica).

Hace muy poco impartiendo unos talleres a líderes y promotores comunitarios, se evidenció de manera impactante la parálisis del trabajo que producen los duelos no resueltos y acumulados, en personas que preparábamos para ayudar a otros, tuvimos que trabajar con ellas mismas. El taller se había previsto también con esta finalidad.

Un grupo de psicólogos, psiquiatras, educadores estamos actualmente enfrascados en la elaboración de proyectos para formar facilitadores que trabajen en sus comunidades directamente con personas con duelo congelado, la idea es convertir la crisis en una oportunidad para el crecimiento personal.

La idea es también de trabajar en una solución estratégica para afrontar los sufrimientos venideros ante nuevas e inevitables catástrofes. He ahí una de las ideas que inspira este proyecto: formar una red de facilitadores con la formación necesaria para el trabajo preventivo de salud mental que se pueda requerir en nuevas situaciones de catástrofes. Incluye restablecer redes de apoyo social en las comunidades. Los facilitadores también se formarán con una idea perspectiva de trabajo comunitarios, se pretende ensanchar su formación para la facilitación de procesos grupales y comunitarios. Se ha detectado una fuerte demanda para desarrollar recursos comunitarios que permitan a las comunidades gestionar la solución de sus problemas y necesidades.

Es importante señalar, la escasez de investigaciones en nuestro país, sobre efectos psicosociales de experiencias de desastre natural. En las recientes experiencias de capacitación a facilitadores en Estelí, Ocotal, San Francisco Libre y Condega, se evidenció que una parte de ellos requería de apoyo emocional, traumas y duelos sucesivos que han dejado heridas abiertas, la necesidad de conocer más sobre duelos de pérdidas sucesivas, duelos abiertos superpuestos. ¿Qué pasa con la gente que vive traumas sucesivos?, para sólo mencionar un caso conocido en los talleres: una persona que perdió a un hermano en la guerra, sufrió la pérdida de las elecciones en su línea política (sandinista), y ahora pierde gente querida y cercana con el huracán. ¿Qué mecanismos tiene la gente para afrontar nuevos traumas cuando los anteriores no han sido bien elaborados? ¿Que efectos tiene esta acumulación de traumas en la vida psicológica? Precisamente en el proyecto se incluye un componente de investigación de este peculiar fenómeno de duelos sucesivos del cual se desconoce.

Ojalá que esta breve exposición sirva para sensibilizar y facilitarnos el apoyo que necesitamos para emprender un trabajo en la esfera preventiva de salud mental, y de desarrollo y crecimiento personal de líderes comunales.

¿Seguirá siendo la cultura preventiva y la dimensión psicosocial la cenicienta abandonada de los proyectos de desarrollo social?